Salir en la franja: ¿un empujón hacia la Convención?

Autor: Jorge Fantuzzi M.

¿Recuerda la papeleta de la elección de convencionales de mayo de 2021? Era larga, sin fotos y con nombres agrupados por lista. En promedio, había más de nueve candidatos por cada escaño en disputa y ninguno había ocupado antes el cargo, por la sencilla razón de que la Convención no existía. Algunos eran conocidos por otros motivos –habían sido autoridades, eran rostros de televisión o parientes de políticos–, pero la mayoría era solo un nombre más. En ese escenario, que el votante reconociera un nombre en la cámara secreta podía hacer la diferencia.

Además, cada candidato competía contra sus propios compañeros. Los votos de todos los candidatos de una lista se suman para decidir cuántos escaños gana esa lista en el distrito, y luego esos escaños van a sus candidatos más votados, con una corrección final para asegurar paridad entre hombres y mujeres. No bastaba con que a la lista le fuera bien: había que destacar dentro de ella.

Una de las pocas vitrinas masivas era la franja electoral. En Chile, los candidatos no pueden comprar avisos en televisión. En cambio, durante 28 días los canales abiertos transmiten espacios gratuitos que se reparten entre partidos y listas, y son ellos quienes deciden a quién mostrar. Para esta elección se creó una regla especial: cada candidato independiente aportaba un segundo diario a su lista, y el resto se repartía según los votos de cada partido en la elección de diputados de 2017. El resultado fue curioso. La Lista del Pueblo, con 155 candidatos, recibió 155 segundos diarios, mientras que el Partido Socialista, con 44 candidatos, tuvo 174. Los partidos que no habían competido en la elección anterior quedaron con menos de un segundo.

¿Sirvió de algo aparecer? Es lo que estudian Roberto Munita-Morgan (Universidad Andrés Bello) y Patricio Navia (Universidad Diego Portales y New York University) en Television Time and Electoral Success: Evidence From the Constitutional Convention Election in Chile in 2021, publicado en 2026 en The International Journal of Press/Politics. Con las grabaciones del Consejo Nacional de Televisión, revisaron los 28 días de franja y anotaron cada vez que aparecía el nombre de un candidato, algo fácil de identificar porque la ley obliga a subtitular los avisos. Se concentraron en las cuatro listas que más escaños ganaron, con 692 candidatos y 116 de los 155 escaños. Contaron 3.157 menciones: 575 candidatos aparecieron al menos una vez y 117 nunca fueron nombrados. Una segunda persona revisó por separado una muestra de 308 spots y su conteo coincidió en todos los casos.

La primera comparación es directa: los candidatos mencionados en la franja obtuvieron, en promedio, 2,9% de los votos de su distrito, frente a 2,2% de los que nunca aparecieron. La diferencia se repite en las cuatro listas.

La brecha es mayor cuando se mira quién llegó a la Convención. El 18,6% de los mencionados resultó electo, contra solo el 7,7% de los no mencionados. La excepción fue la Lista del Apruebo, donde 2 de sus 13 candidatos no mencionados ganaron un escaño, un grupo demasiado pequeño para sacar conclusiones. Eso sí, aparecer no garantizaba nada: entre los mencionados, solo uno de cada cinco fue electo.

Claro que estas comparaciones pueden engañar. Quienes aparecieron en la franja podrían ser también los que más gastaron, o los que competían en distritos más favorables. Por eso, los autores compararon candidatos parecidos en cuánto gastaron (medido como porcentaje del máximo legal, que en promedio fue de 8,2%), el número de escaños de su distrito, si eran militantes o independientes, su género, la pobreza de su distrito y los segundos de franja de su partido. El gasto de campaña resultó ser, de lejos, el factor más asociado a la votación. Aun así, aparecer en la franja seguía asociado a entre 0,6 y 0,8 puntos porcentuales más de votos. Parece poco, pero el candidato promedio obtuvo 2,8% de los votos de su distrito. Y la relación se mantuvo en todas las versiones que estimaron. Con la probabilidad de ganar un escaño la relación también es positiva, aunque con menos certeza.

Hay un matiz interesante. La ventaja de aparecer es clara entre los candidatos que gastaron poco y se vuelve difícil de distinguir entre los que gastaron mucho. Para los autores, la franja parece pesar más para quienes tienen menos recursos propios para darse a conocer. También encuentran que más tiempo total para una coalición no se tradujo en más votos por candidato: cada segundo adicional parecía rendir cada vez menos.

Los autores reconocen un límite importante. Los partidos no eligieron al azar a quién mostrar, y es razonable pensar que privilegiaron a candidatos ya conocidos o con más opciones. Si fue así, parte de la ventaja de los mencionados no vendría de la franja, sino de que eran candidatos más fuertes desde antes. Con los datos disponibles no se pueden separar ambas explicaciones, por lo que el estudio muestra una asociación y no un efecto demostrado.

Con todo, el trabajo deja una pregunta que va más allá de 2021. En sistemas donde se compite contra los propios compañeros de lista, quien decide a quién se ve en televisión también influye en esa carrera interna. Los autores agregan que las reglas con que se repartió el tiempo, en especial el trato a los independientes, plantean dudas de equidad que siguen vigentes para futuras elecciones. En tiempos de redes sociales, la vieja franja todavía parece tener algo que decir.

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