Autor: Ronald Fischer, Universidad de Chile e ISCI.

Un bien durable es uno que no desaparece con su uso. A diferencia de los alimentos, que dejan de existir al ser consumidos, una casa sigue existiendo después de haber sido usada para vivir por un día, un mes o varios años. El consumo de bienes durables produce un nuevo bien: un bien usado. Esta diferencia entre aquellos bienes que se consumen en el acto y los bienes durables crea una diferencia importante en el comportamiento de los monopolios.

La teoría simple de monopolios dice que el monopolista maximiza su utilidad considerando la demanda existente. Una vez consumido el bien, los usuarios vuelven al mercado, regenerando la demanda original. Si los bienes son durables, una persona que ha comprado el bien no volverá a comprar por algún tiempo, y esto afecta la demanda futura.

Consideremos, como un ejemplo, que en el siglo XIX una empresa inventa la bicicleta, registra una patente para proteger su invento y debe decidir su estrategia de precios. Una posibilidad es que el primer año observe la demanda potencial, pone el precio de monopolio asociado y vende la cantidad monopólica de bicicletas. La pregunta ahora es: ¿Qué hace el segundo año? Quienes compraron bicicletas no están interesados en comprar de nuevo, porque sus bicicletas siguen funcionando. Y al precio original, la demanda restante no está interesada en comprar.

Si quiere conseguir más clientes, debe bajar el precio. Pero en tal caso, algunos de los que compraron bicicletas el año anterior habrían preferido esperar un año y comprar al menor precio. Si los compradores tienen alguna capacidad de prever esto, los que están más indecisos entre comprar y no comprar habrían esperado que bajara el precio al año siguiente. Esto significa que la demanda efectiva del monopolista de bienes durables es menor de lo estimado. Al bajar el precio el segundo año, el problema recurrirá el tercer año, y así sucesivamente, al menos hasta que las bicicletas iniciales cumplan su vida útil, porque las bicicletas usadas reducen la demanda del monopolio.

El monopolista de bienes durables es su propio enemigo, porque la tentación de bajar los precios futuros hace que compita consigo mismo. En el límite, la Conjetura de Coase señala que si los consumidores son pacientes y los bienes duran para siempre, el monopolista cobrará el precio de competencia. Incluso si estas condiciones no se dan, la calidad durable de los bienes limita la renta del monopolio.

Como era de esperarse, hay mecanismos para intentar recuperar el poder monopólico perdido. Una posibilidad es arrendar el bien. Esto resuelve el problema, porque el arriendo es temporal, y una vez cumplido el período de arriendo, la demanda vuelva a su nivel original. Es lo que hacían IBM y Xerox cuando eran monopolios en sus industrias. Office 365 de Microsoft, con sus licencias anuales, opera como un arriendo.

Otra posibilidad es mejorar o cambiar modelos. Es la estrategia de Apple, con modelos periódicamente mejorados, obligando a que los que desean tener esas ventajas a comprar de nuevo. Esta estrategia se combina con la de mantener precios, cesando la venta de modelos antiguos. Si los cambios tecnológicos son menores, esa estrategia comienza a fallar, explicando por qué Microsoft pasó de vender a arrendar Office. Otra opción el limitar la vida útil de los bienes en forma artificial. Un ejemplo es Apple, que fue acusada en el caso Batterygate de ralentizar la operación de Iphones antiguos.

Debido a las diferencias con los monopolios de bienes no durables, el órgano antimonopolios debe tener otros enfoques: por ejemplo, puede ser conveniente vigilar que el monopolista no interfiera con el mercado de productos usados, o con su reventa. El análisis de los efectos de distintas prácticas es mucho más complejo con bienes durables, pero no menos importante.

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