Cada año, durante un fin de semana, millones de chilenos donan dinero para la Teletón, una campaña que financia centros de rehabilitación para niños con discapacidad. Desde su primera versión en 1978, el Banco de Chile ha sido el socio bancario oficial del evento: presta sucursales, extiende sus horarios, moviliza a empleados como voluntarios y opera la cuenta oficial donde se reciben las donaciones. Es, probablemente, una de las asociaciones de marca más visibles y sostenidas en el tiempo de toda la economía chilena.
Detrás de esa generosidad hay, también, un cálculo de negocios. La filantropía corporativa se suele justificar como una forma de construir reputación y lealtad de clientes, algo particularmente valioso para un banco. Pero ¿Se traduce realmente en algo que un accionista pueda notar? Es decir ¿Sube el precio de la acción cuando el banco se luce siendo generoso?
Un grupo de economistas (Villena et al.) se propuso responder esa pregunta con datos, y su trabajo, publicado en la revista International Review of Economics & Finance, termina siendo tanto una historia sobre filantropía como una advertencia sobre lo fácil que es engañarse a uno mismo con los números.
La idea de partida es sencilla. Si el patrocinio de la Teletón le hace bien a la imagen del Banco de Chile, y esa buena imagen se traduce en más clientes o confianza, en algún momento eso debería reflejarse en el precio de su acción. Para probarlo, los autores reunieron el precio diario de las acciones de los cuatro bancos que cotizan en la Bolsa de Santiago (Banco de Chile, Santander, BCI e Itaú) entre 2000 y 2020, y compararon cómo se movía el precio del Banco de Chile, el único patrocinador oficial, frente a los otros tres, alrededor de cada una de las dieciséis versiones de la Teletón realizadas en ese período.
La primera vuelta de tuerca, usando el precio de la acción tal cual, entrega una respuesta que parece confirmar la intuición: el precio del Banco de Chile efectivamente sube un poco más que el de sus competidores en los días cercanos a la campaña, y el resultado aparece como estadísticamente sólido. Ahí podría terminar la historia, con un titular fácil: hacer el bien también es un buen negocio.
Pero los autores desconfiaron de su propio hallazgo, y con razón. El precio de una acción, a diferencia de otras variables económicas, tiene una característica incómoda para este tipo de análisis: tiende a moverse en una sola dirección durante largos períodos, subiendo o bajando en tendencias que pueden durar meses o años, sin relación con ningún evento puntual. Comparar el precio de una acción “antes” y “después” de un evento específico, sin corregir por esa tendencia de fondo, es un poco como intentar medir el efecto de un partido de fútbol sobre la estatura de un niño, midiéndolo antes y después del partido: como los niños crecen todo el tiempo, uno encontrará que «creció» después del partido, aunque el partido no haya tenido nada que ver.
Eso es exactamente lo que estaba pasando. Cuando los investigadores repitieron el análisis usando, en lugar del precio de la acción, su variación diaria (cuánto sube o baja cada día, filtrando el “crecimiento de fondo”) el efecto desapareció por completo. Y cuando fueron un paso más allá y usaron lo que en finanzas se conoce como “retorno anormal” (básicamente, cuánto se movió la acción del Banco de Chile por sobre o debajo de lo que se movió el mercado en su conjunto ese mismo día, para descontar noticias que afectan a todos los bancos por igual) el resultado fue el mismo: nada.
Ni en el promedio de las dieciséis campañas, ni analizando cada una por separado, hubo una sola vez en que el precio de la acción del Banco de Chile reaccionara de forma distinguible a la Teletón, ni para bien ni para mal.
Los autores ofrecen una explicación razonable para este resultado, y tiene que ver con las magnitudes involucradas. Aunque la campaña de la Teletón mueve montos considerables en términos absolutos (decenas de miles de millones de pesos en donaciones), la porción que corresponde a los aportes corporativos, incluso si se le atribuyera entero al Banco de Chile, representa una fracción minúscula del valor de mercado del banco: bastante menos del uno por ciento. Es difícil que algo tan pequeño, comparado con el tamaño del banco, deje una huella visible en el precio de una acción que normalmente se mueve mucho más que eso en un día cualquiera, por razones que no tienen que ver con la filantropía.
Esto no significa que la generosidad del banco sea inútil ni que sea, como dicen los propios autores, un costo para sus dueños. Significa probablemente que, si esta forma de filantropía genera algún beneficio, este se acumula de manera lenta y gradual: a través de la confianza y lealtad de los clientes con el paso de los años, y no de un modo que se pueda detectar mirando el precio de una acción el lunes siguiente a la transmisión.
El hallazgo más interesante de este trabajo quizás no sea sobre la Teletón en sí, sino sobre cómo distinguir una ilusión estadística de un efecto real. Al estudiar el efecto de un evento puntual sobre una empresa, es tentador comparar el “antes” y el “después” usando la variable más directa e intuitiva, como el precio de una acción. Pero cuando esa variable tiene una tendencia propia que no se relaciona con el evento que se quiere estudiar, ese ejercicio puede producir resultados que parecen sólidos, significativos y hasta convincentes, sin que exista ningún efecto real detrás.
La pregunta de si la filantropía corporativa es o no un buen negocio suele responderse apelando a la intuición: parece razonable pensar que un banco tan expuesto en una causa tan querida debería sacar provecho de ello, o bien, en el extremo contrario, que donar dinero es simplemente un costo que resta a las utilidades. Este trabajo muestra que ninguna de esas dos intuiciones se sostiene cuando se examinan los datos con el rigor necesario: ni premio ni castigo, al menos no en el precio de la acción.
Fuente:
Villena, M.J., Villena, M.G. & Antonucci, F. (2026). «Doing well by doing good? Quasi-experimental evidence from corporate philanthropy in banking». International Review of Economics & Finance, 111, 105735.
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*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.






