En agosto de 2026, el gobierno de Estados Unidos propuso, a través de un borrador de reglamento del Departamento de Seguridad Nacional, cobrar 103.265 dólares por cada nueva solicitud de visa H-1B (la que usan las empresas estadounidenses para contratar trabajadores extranjeros altamente calificados, típicamente en tecnología, ingeniería y ciencias). La medida llega después de que un tribunal bloqueara una versión anterior, más acotada, de un cobro de seis cifras que la Casa Blanca había impuesto por proclamación en septiembre de 2025 para los trabajadores contratados desde fuera del país. La nueva propuesta es más amplia: alcanzaría a todas las solicitudes H-1B sujetas al tope anual, incluidos quienes tienen estudios de posgrado.
La pregunta de fondo no es nueva, pero rara vez se responde con evidencia dura: ¿cuánto aporta realmente este tipo de trabajador extranjero calificado a la innovación del país que lo recibe, y qué se pierde si se le encarece o restringe la entrada?
Los economistas Bernstein, Diamond, Jiranaphawiboon, McQuade y Pousada intentaron responder exactamente eso en un estudio. El desafío metodológico era identificar, entre millones de personas que aparecen como inventores en patentes estadounidenses, quiénes son inmigrantes y quiénes nacieron en el país, algo que las bases de datos de patentes no indican directamente. Los autores resolvieron esto de forma ingeniosa: cruzaron los registros de patentes con la edad a la que cada persona recibió su número de Seguro Social. Quien nace en Estados Unidos suele obtener ese número siendo niño. Quien inmigra, en cambio, lo recibe recién de adulto, al llegar al país. Esa diferencia de edad al momento de la asignación permite distinguir, con bastante precisión, quién es inmigrante.
Con esa identificación en mano, los resultados son claros: los inmigrantes representan el 16% de los inventores en Estados Unidos, pero firman el 23% de las patentes. Es decir, son desproporcionadamente más productivos que su participación poblacional haría esperar. Pero el aporte no termina en su propia producción. Los autores muestran que los inventores inmigrantes generan además un efecto de contagio sobre sus colegas nacidos en el país: trabajar junto a un inventor inmigrante altamente calificado vuelve más productivos, en promedio, a sus colaboradores estadounidenses. Para aislar este efecto de contagio, y no simplemente observar que los mejores equipos atraen a los mejores inventores, sin poder distinguir causa de correlación, los autores usan un recurso poco común: comparan qué pasa con la productividad de un colaborador cuando un inventor con el que trabajaba muere de forma prematura e inesperada. Si el fallecido era inmigrante, el golpe a la productividad del colega que queda es mayor que si el fallecido había nacido en Estados Unidos, lo que revela que ese contagio productivo no es casualidad, sino un efecto real y medible.
Sumando la contribución directa y estos efectos indirectos sobre sus colaboradores, el estudio concluye que los inmigrantes son responsables del 32% de la innovación agregada de Estados Unidos, y que más de la mitad de ese 32% proviene precisamente de esos efectos de contagio sobre inventores nacidos en el país, no de su propia producción de patentes.
El estudio no fue diseñado para evaluar si 103.265 dólares es un precio razonable o excesivo por una visa H-1B, y tampoco busca zanjar el debate sobre si esa política protege a los trabajadores locales de una competencia desleal por salarios. Eso involucra consideraciones que exceden lo que este paper mide. Lo que sí aporta es una magnitud concreta y verificable de lo que hay en juego del otro lado de la balanza: si una barrera de entrada más alta reduce de forma significativa el flujo de este tipo de talento hacia Estados Unidos, el costo no se limitaría a las patentes que esos inventores dejarían de firmar personalmente, sino que se extendería, en una proporción incluso mayor, a la productividad de los colegas estadounidenses que ya no trabajarían junto a ellos.
Fuente:
Bernstein, S., Diamond, R., Jiranaphawiboon, A., McQuade, T., & Pousada, B. «The Contribution of High-Skilled Immigrants to Innovation in the United States», National Bureau of Economic Research (NBER Working Paper No. 30797).










