Plantar árboles para que llueva: lo que un experimento forestal de hace 90 años en EE.UU. sugiere sobre la megasequía chilena – “Sembrar lluvia: una nueva mirada a bosques y sequía”

Chile enfrenta una megasequía que ya supera los 15 años y afecta a más del 72% del territorio nacional, según el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2). Frente a ese escenario, la discusión pública sobre reforestación suele girar en torno a la captura de carbono o la prevención de incendios. Pero, según ha planteado la Fundación Reforestemos, cada incendio forestal deja además suelos degradados, con menor capacidad de infiltración de agua y procesos erosivos que pueden tardar décadas en revertirse, lo que ha impulsado un debate técnico sobre si restaurar el territorio —no solo plantar árboles— puede ayudar a retener el agua que se recibe cuando llueve.

Un nuevo working paper de Grosset-Touba, Papp y Taylor, difundido por el NBER, aporta evidencia de que la relación entre uso del suelo y clima puede ir más allá de la retención de agua en el terreno: la forestación a gran escala también puede alterar el clima local. Los autores estudian el Shelterbelt de las Grandes Llanuras, un programa de Estados Unidos de la década de 1930 que plantó cortinas de árboles a gran escala en el medio oeste del país. Para aislar el efecto climático del de la forestación misma, miden los cambios en condados situados a favor del viento, que recibieron el efecto climático del programa sin haber sido ellos mismos forestados.

El hallazgo central es que el programa aumentó las precipitaciones y redujo las temperaturas en esos condados durante décadas. Ese cambio en las condiciones de cultivo permitió a los agricultores expandir la superficie sembrada con maíz y adoptar prácticas más intensivas en el uso de agua. En un período de fuerte consolidación de predios agrícolas en Estados Unidos, este efecto climático contribuyó además a que sobrevivieran más predios pequeños, aunque con menor uso de maquinaria.

La implicancia de fondo es que el clima no es solo algo a lo que la agricultura se adapta, sino algo que el uso del suelo también puede moldear: los autores hablan de la endogeneidad del clima respecto de los cambios en el uso del suelo, con efectos que se sostienen por décadas. Es un mecanismo distinto —y en una escala mucho mayor— al que hoy se discute en Chile a propósito de la restauración de cuencas degradadas por incendios, pero apunta en la misma dirección: las decisiones sobre qué se planta y dónde no solo importan para el paisaje o el carbono, sino potencialmente para la disponibilidad futura de agua en el territorio.

Fuentes

El Mostrador, Suzanne Wylie (Fundación Reforestemos), «Sostenibilidad territorial: para que vuelva el bosque, también hay que cuidar el suelo», 4 de junio de 2026, con cifra de megasequía del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2); CONAF, información pública del proyecto +Bosques, financiado por el Fondo Verde para el Clima.

Grosset-Touba, F., Papp, A. & Taylor, C.A. (2026). «Rain Follows the Forest: Land Use Policy, Climate Change, and Adaptation». NBER Working Paper No. 35695.

 

*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.

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