Hay una sensación compartida entre quienes financian innovación: cada año parece más caro y difícil dar con un descubrimiento verdaderamente nuevo. Un documento de trabajo reciente de Ganguli, Lin, Meursault Reynolds, publicado por el National Bureau of Economic Research (NBER), ofrece una explicación novedosa: no es solo que ya se haya inventado “lo fácil”, sino que los propios inventores se están alejando cada vez más unos de otros dentro de lo que los autores llaman el “espacio de las ideas”.
Para llegar a esa conclusión, los investigadores analizaron el texto completo de más de 11 millones de patentes registradas en Estados Unidos entre 1836 y 2023. Usando modelos de lenguaje —el mismo tipo de tecnología detrás de las herramientas de inteligencia artificial actuales—, midieron qué tan parecida es cada invención a las que la rodean en el tiempo. El resultado: las patentes de hoy son, en promedio, mucho menos parecidas entre sí que las de hace un siglo.
Para confirmar que este hallazgo no era un espejismo estadístico —distintas formas de “leer” el texto de una patente pueden arrojar conclusiones opuestas sobre si las invenciones convergen o se dispersan—, los autores buscaron una segunda fuente de evidencia independiente: los casos de “interferencia de patentes”, es decir, situaciones en que dos inventores solicitan protección para la misma invención al mismo tiempo, desarrolladas de forma independiente. Si las ideas nuevas realmente se están alejando unas de otras, estos choques accidentales deberían volverse cada vez más raros. Esto es justo lo que encuentran: la tasa de interferencias cayó 98% en el período estudiado.
Con esa evidencia en mano, los autores proponen un modelo simple para explicar por qué ocurre esto. Imaginen un “mapa gigante” donde cada punto representa una idea posible. Cuando alguien inventa algo, “ocupa” un lugar en ese mapa. A los inventores les conviene alejarse de las ideas ya ocupadas —porque ahí hay menos competencia y su invención es más valiosa al ser más original—, pero también les conviene mantenerse cerca de ideas existentes, porque ahí es más fácil apoyarse en conocimiento previo. A medida que más gente inventa cosas con el paso del tiempo, el mapa se va llenando, y cada nuevo inventor tiene que alejarse más para encontrar territorio libre.
Ese alejamiento, dicen los autores, no es gratis. Mientras más lejos estén las ideas nuevas de las anteriores, mayor valor privado generan —pero también más caras resultan de aprovechar para el resto de la comunidad científica: es más difícil construir sobre el trabajo de otros si ese trabajo está “lejos” en términos conceptuales. El modelo conecta así este fenómeno con otras tendencias que los economistas ya venían documentando por separado: el aumento del gasto en investigación y desarrollo por cada inventor, el mayor valor de las patentes actuales, el debilitamiento de los llamados “efectos de contagio” (spillovers) del conocimiento (cuando una idea inspira fácilmente a otras) y la caída sostenida en la productividad de la investigación.
Usando su modelo calibrado con los datos reales, los autores estiman que este fenómeno de “dispersión” explica alrededor del 40% de la caída de largo plazo en la productividad de la investigación en Estados Unidos, junto a otros mecanismos, como el agotamiento gradual de las ideas más simples de descubrir.
La conclusión invita a mirar la innovación no solo como una carrera por acumular más científicos o más dinero, sino como un problema de posicionamiento: dónde, exactamente, elige pararse cada inventor dentro del enorme —pero cada vez más disputado— territorio de las ideas.
Fuentes:
Ganguli, I., Lin, J., Meursault, V. y Reynolds, N. (2026). “Spreading Out Across Expanding Idea Space”, NBER Working Paper No. 35499. Disponible en: https://www.nber.org/papers/w35499
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*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.







