Cada vez que un país discute financiar el cuidado infantil universal con cargo al Estado o al empleador —como ocurre actualmente en Chile con el proyecto de Sala Cuna Universal—, la pregunta de fondo suele quedar sin responder: ¿es ese gasto un costo permanente, o termina pagándose solo con el tiempo? Un nuevo estudio (2026) de Michael Baker (Universidad de Toronto), Jonathan Gruber (MIT) y Kevin Milligan (Universidad de British Columbia) aporta una de las respuestas más completas hasta ahora, usando el programa de cuidado infantil universal y subsidiado de Quebec, vigente desde fines de los años noventa.
Lo que distingue a este estudio de investigaciones previas es el horizonte de tiempo. La mayoría de la evidencia sobre cuidado infantil universal mide lo que pasa mientras el programa está en marcha: si las madres con hijos pequeños trabajan más apenas existe una sala cuna subsidiada disponible. Baker, Gruber y Milligan hacen algo distinto: siguen la evolución laboral de las madres durante décadas, mucho después de que sus hijos superaron la edad preescolar, usando datos administrativos y de panel sobre participación laboral, ingresos, uso de beneficios sociales y pago de impuestos. Esa ventana larga es la que permite responder si el efecto del programa se diluye con los años o si, por el contrario, se acumula.
El primer hallazgo es que el impacto sobre el empleo de las madres no se diluye: persiste de forma duradera mucho después de que los niños dejan la sala cuna. El segundo hallazgo puede ser más inesperado: el efecto de largo plazo sobre los ingresos termina siendo el doble de grande que el efecto inicial sobre la sola participación laboral. Los autores explican esto por dos mecanismos que se refuerzan entre sí con el paso de los años: por un lado, las madres que vuelven antes al trabajo terminan trabajando con mayor intensidad (más horas) más adelante en su carrera; por otro, sus salarios por hora suben más que los de otras trabajadoras, en parte por ascensos dentro de la misma ocupación y en parte por la experiencia laboral que acumulan en los años posteriores a la etapa de cuidado infantil. En otras palabras, la inversión temprana en volver al trabajo parece generar efectos multiplicadores mucho después, en un momento de la carrera en que ya no hay niños pequeños que cuidar.
De ahí se desprende el resultado fiscal, que es el más directo para cualquier gobierno que evalúe financiar un programa así: como el empleo y los ingresos de las madres suben de forma sostenida, también sube lo que pagan en impuestos a lo largo del ciclo de vida, mientras cae lo que reciben en asistencia social y seguro de desempleo. Al sumar ambos flujos —más recaudación, menos gasto social— y traerlos a valor presente, los autores calculan que el Estado recupera entre 75% y 117% del costo inicial del programa. Es decir, en varios escenarios el Estado recupera completamente el costo inicial del programa, únicamente por la vía de estos dos canales fiscales, sin considerar otros posibles efectos sobre el bienestar infantil u otros beneficios sociales considerados en este tipo de evaluaciones.
Fuentes
Ministerio del Trabajo y Previsión Social, “¿De qué se trata el proyecto de Sala Cuna Universal?”. Disponible en: https://www.mintrab.gob.cl/sala-cuna-universal/
Baker, M., Gruber, J. y Milligan, K.S. (2026). «Investing in Mothers? The Long-Run Impact of a Universal Child Care Program on Maternal Work and Income». NBER Working Paper No. 35514.
*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.







