En menos de cinco años, los medicamentos GLP-1 —Ozempic, Wegovy, Mounjaro— pasaron de ser un tratamiento para la diabetes a convertirse en uno de los fenómenos farmacéuticos más discutidos de la década. Junto con el entusiasmo médico circula una promesa económica: si estos fármacos mejoran la salud de quienes los toman, también deberían hacerlos más productivos, reducir su ausentismo laboral y, en última instancia, pagar por sí solos su propio costo fiscal. Hasta hace poco, esa promesa se sostenía casi enteramente en estudios observacionales, donde quienes deciden iniciar el tratamiento suelen ser sistemáticamente distintos de quienes no lo hacen, lo que dificulta separar el efecto causal del medicamento de otros factores.
Un nuevo working paper del NBER [1], de N. Meltem Daysal, Camille J.H. Fredrickson, Ida L. Kristiansen, Mircea Trandafir y Jonathan Zhang, aprovecha una base de datos poco común para resolver ese problema: los registros administrativos daneses, que vinculan el historial médico y laboral de toda la población. Los autores comparan a pacientes que iniciaron tratamiento con GLP-1 durante los primeros dos años de disponibilidad de la Semaglutida con pacientes observacionalmente similares que iniciaron el mismo tratamiento cuatro años después, usando un diseño de diferencias-en-diferencias apiladas que permite aislar el efecto causal del medicamento sobre los resultados laborales.
El resultado central es específico: el tratamiento con GLP-1 reduce las licencias médicas de largo plazo en 17,3%. Los autores traducen ese efecto a un beneficio fiscal neto de entre 1,3% y 1,5% del ingreso laboral anual por cada persona empleada que inicia el tratamiento.
Pero el estudio es igual de claro respecto de lo que no encuentra: durante los cuatro años de seguimiento, no hay impactos estadísticamente significativos ni económicamente relevantes sobre el ingreso laboral, la participación en la fuerza de trabajo ni el empleo. El canal por el que el medicamento genera valor económico medible es, por ahora, mucho más acotado que la narrativa de una transformación general de la productividad laboral que a veces circula en la conversación pública.
La distinción importa para cualquier evaluación de costo-beneficio de subsidiar estos tratamientos: la evidencia disponible respalda un ahorro concreto y cuantificable por menor ausentismo, pero no —al menos con cuatro años de datos— una mejora general en empleo o salarios. Es una promesa más modesta que la que circula habitualmente, pero también una más fácil de exigir y de verificar.
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Notas y fuente académica
[1] Daysal, N.M., Fredrickson, C.J.H., Kristiansen, I.L., Trandafir, M. & Zhang, J. (2026). «The Labor Market Impacts of GLP-1s». NBER Working Paper No. 35475. https://www.nber.org/papers/w35475
*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.







