Cuando el Pentágono se retiró de los laboratorios universitarios

Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y 1970, el Departamento de Defensa de Estados Unidos fue uno de los grandes motores silenciosos de la ciencia mundial: financió una parte sustancial de la investigación universitaria del país, siendo particularmente decisivo en física e ingeniería. Ese financiamiento ayudó a formar generaciones de científicos y sentó las bases de industrias enteras. Pero a comienzos de los años setenta, presiones políticas llevaron a un recorte cercano a dos tercios en esos fondos hacia mediados de esa década, financiamiento que nunca volvió a tener el peso relativo que había alcanzado antes de dichos recortes.

Los economistas Gross, Sampat y Zhang, en un trabajo publicado por el NBER (2026), se preguntan qué pasó después con la ciencia estadounidense cuando el gobierno se retiró de esa manera. Su respuesta es que los efectos fueron profundos y se sintieron durante décadas: cayó el número de científicos en las universidades, se redujo la formación de nuevos doctorados y disminuyó la producción de investigación en las áreas más golpeadas por el recorte.

Uno de los hallazgos más interesantes tiene que ver con las trayectorias individuales. Los científicos jóvenes que en 1970 dependían de financiamiento del Departamento de Defensa tuvieron una probabilidad mayor que sus pares de abandonar la universidad, muchos de ellos migrando hacia la industria privada. Algunos de quienes se fueron registraron una mayor actividad patentadora de lo que habrían patentado si se hubiesen quedado en la academia. Pero en el agregado, este desplazamiento no compensó lo perdido: los autores documentan que la innovación ligada a la ciencia básica en las tecnologías antes lideradas por el Departamento de Defensa se redujo, reduciendo la producción de inovación que Estados Unidos tenía en esos campos.

El estudio también encuentra un efecto que golpea justo donde, en teoría, no debería: los propios objetivos militares que supuestamente justificaban el recorte. Con menos financiamiento para investigación básica, entraron menos doctorados a la llamada “base industrial de defensa” —el entramado de empresas y laboratorios que abastece de tecnología a las fuerzas armadas—. Aunque hubo, al principio, un incremento transitorio en el número de patentes de defensa ligadas a la ciencia en las áreas más expuestas al recorte, este se revirtió con el tiempo, dando paso a una caída sostenida.

La historia importa más allá de su época. Muestra que los efectos de recortar el financiamiento a la investigación básica no se limitan al corto plazo ni se concentran solo en el mundo académico: se propagan durante años hacia la formación de capital humano, hacia la dirección que toma la innovación y, en este caso, hacia el propio sector de defensa, que terminó experimentando efectos adversos no previstos.

 

Fuentes:

Gross, D., Sampat, B. y Zhang, H. (2026) “Retreating from Science: The Long-Run Effects of the 1970s U.S. Military Disinvestment from University Research”, NBER Working Paper No. 35491. Disponible en: https://www.nber.org/papers/w35491.

*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.

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