Las fusiones y adquisiciones se justifican con frecuencia invocando «sinergias» y ganancias de eficiencia que resultarían de combinar activos bajo una gestión más productiva. Es una promesa habitual en cualquier operación corporativa, y también una difícil de verificar: rara vez existe una medida física y comparable de productividad que permita separar la mejora real de la simple reasignación contable.
Mert Demirer y Ömer Karaduman, en un estudio próximo a publicarse en el Journal of Political Economy [1], aprovechan una de esas medidas poco comunes: el «heat rate» de las centrales eléctricas —cuánto combustible se necesita para generar cada unidad de electricidad—, una métrica de ingeniería que evita los sesgos de medir «calidad» en un producto homogéneo como la energía. Construyen una base de datos con miles de cambios de propiedad de centrales térmicas en Estados Unidos entre 2000 y 2023, combinando el monitoreo horario de emisiones de la agencia ambiental (EPA) con registros de la agencia de información energética (EIA) y la reguladora federal (FERC).
El resultado central: las plantas adquiridas mejoran su eficiencia en 2% en promedio, con la ganancia apareciendo recién cinco meses después de la operación. Pero ese promedio esconde una distinción importante: cuando el cambio de propiedad es directo —la planta cambia de operador—, la ganancia sube a 5%; cuando solo cambia el dueño de la matriz corporativa, sin que cambie quién opera físicamente la planta, la ganancia de eficiencia desaparece.
Al descomponer el mecanismo, los autores encuentran que tres cuartas partes de la ganancia provienen de mejoras operativas genuinas —mantenimiento, reparaciones, capacitación del personal— y solo un cuarto de una mejor asignación de la producción dentro del portafolio de la empresa compradora. Las plantas adquiridas, además, aumentan su utilización de capacidad y reducen sus interrupciones no programadas.
La lectura que ofrecen los autores es consistente con una historia de reasignación genuinamente eficiente de activos: empresas de alta productividad compran plantas de bajo desempeño y las llevan casi al nivel de sus propios activos mediante mejoras operacionales concretas, no solo mediante ingeniería financiera. El matiz —cambio de operador versus simple cambio de dueño corporativo— ofrece un criterio verificable para distinguir, en cualquier sector con activos físicos comparables, cuándo una promesa de sinergia por eficiencia tiene sustento y cuándo es principalmente retórica de transacción.
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Notas y fuente académica
[1] Demirer, M. & Karaduman, O. (Forthcoming). «Do Mergers and Acquisitions Improve Efficiency? Evidence from Power Plants». Journal of Political Economy. NBER Working Paper No. 32727. DOI: 10.1086/740222







