Cuando una cuota de género no sacrificó calidad: la lección finlandesa

Las cuotas de admisión suelen discutirse bajo el supuesto de que representan un intercambio: más representación de un grupo a cambio de menor calidad promedio de quienes son seleccionados. Ese supuesto rara vez se pone a prueba con datos de largo plazo sobre lo que ocurre después, una vez que los beneficiarios de la cuota ya están ejerciendo su profesión.

Ursina Schaede y Ville Mankki, en un estudio aceptado en el American Economic Review [1], estudian un caso poco conocido: hasta 1989, Finlandia mantuvo una cuota que garantizaba que al menos 40% de quienes pasaban a la segunda etapa del proceso de admisión a pedagogía básica fueran hombres. Al abolirse, la proporción de hombres entre los nuevos maestros cayó a la mitad, de 40% a 20%. Los autores aprovechan que las escuelas debían reemplazar maestros jubilados según un calendario pautado por acuerdo sindical, lo que genera variación cuasi-aleatoria en cuánta exposición tuvo cada generación de alumnos a «maestros de cuota». Siguen a esos alumnos con datos de registro entre 1988 y 2018, hasta los 25 años.

El resultado central: los alumnos con más exposición a maestros de cuota transitan de forma más fluida hacia la educación postobligatoria, logran más títulos avanzados y tienen 3 puntos porcentuales más de probabilidad de estar estudiando o empleados a los 25 años por cada desviación estándar de aumento en esa exposición. El beneficio es similar para niños y niñas —lo que descarta que operara vía un simple efecto de «modelo a seguir» del mismo género— y no aumenta la probabilidad de elegir pedagogía; en cambio, sí acerca más a los alumnos a carreras STEM.

La explicación que ofrecen los autores apunta al propio examen de admisión: este pondera 75% habilidades de lenguaje y solo 25% matemática y ciencias, un diseño donde los hombres rinden sistemáticamente peor sin que eso prediga un peor desempeño como docentes. Los maestros de cuota, además, mostraban señales de motivación intrínseca poco comunes: entre postulantes de calificaciones similares, los hombres que elegían pedagogía básica ganaban menos que si hubiesen optado por otra carrera, mientras que las mujeres que elegían pedagogía ganaban más.

Los autores interpretan esto como evidencia de que el examen de admisión medía mal quién sería un buen maestro, y que la cuota —sin proponérselo— corregía ese error de medición. El estudio no es un argumento general a favor o en contra de las cuotas de género; es evidencia específica sobre un caso donde un proceso de selección «libre» no capturaba bien un atributo que sí importaba para el desempeño posterior.

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Notas y fuente académica

[1] Schaede, U. & Mankki, V. (Forthcoming). «Quota vs. Quality? Long-Term Gains from an Unusual Gender Quota». American Economic Review. DOI: 10.1257/aer.20230376


*Esta columna fue preparada con apoyo de herramientas de inteligencia artificial y revisada por el equipo de Contrafactual. El contenido debe ser leído y utilizado considerando dichas circunstancias.

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